Nuestra sociedad no se ha creado por generación espontánea, vivimos de la herencia que hemos recibido…

Un hombre especializado en construir, luchar y cazar y una mujer que sabe crear vida, alimentarla y cuidarla para que sobreviva, se encuentran en una sociedad donde los dos son tratados como niños (un estado que promete vivienda,  trabajo y protección) ¿Qué hacen con esos potenciales heredados?

Si la mujer busca la protección en el hombre, va a valorar su fuerza, y si no está atenta, en cualquier momento lo que la protege puede agredirla… transformando al héroe en verdugo.

El núcleo familiar es el lugar idóneo para sentirse protegido, pero debemos tener en cuenta que esos que ahora son inocentes niños y niñas, crecerán y se volverán contra nosotros cuando la frustración, la impotencia y el enfado los dominen, pues la vida no será lo que ellos desean.

Ver a nuestros hijos como los hombres y mujeres que serán, sería una buena ayuda para guiarnos en nuestra forma de educarlos.

¿Que enseñarles?: A cuidarse a sí mismos, a cocinar y a protegerse.

¿Estamos educando a futuras mujeres y hombres, o a eternos niños proveedores de afecto?

Detrás de todo maltrato hay comportamientos injustos y fuera del desarrollo natural del individuo…

Una generación de madres y padres carentes en sus infancias de afecto y atención, buscan inconscientemente el afecto perdido en sus hijas/os, dándoles una responsabilidad antinatural, y convirtiéndose a su vez en esclavos de sus demandas y caprichos, que llegada la adolescencia ya no podrán ser satisfechas por ningún progenitor: pertenencia a grupo de iguales, diversión, sexualidad e independencia… La desilusión por ambas partes está servida y con ella, las quejas, reproches, peleas…y el maltrato, que empezó con formas aceptadas socialmente va transformándose en unas formas rechazadas y duras que no sabemos manejar, y aunque se emancipen, esta será la forma de relacionarse que lleven en su repertorio.

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