No hay nada más demandado por los hijos e hijas que la atención de sus padres y madres.

La atención de calidad no requiere de mucho tiempo, sino de nuestra atención plena y nuestra presencia…

Cuando suene el despertador, acercarse a la cama de nuestros hijos con la intención de que sientan que estamos a su disposición unos minutos, ¿cómo? buscando su mirada, a través del contacto; tocándoles la cabeza, frotándoles la espalda…y dándoles los buenos días con alegría y cariño. ¡Eso es empezar bien el día!

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