Padres e hijos. Madres e hijas. Pasado, presente y futuro.

¿Cómo influye nuestro pasado en nuestro futuro? El pasado es una herencia a la que no se puede renunciar, pero sí actualizar. Hoy no se les explica a los chicos y chicas cómo han vivido sus abuelos, bisabuelos, el dolor que han soportado pues no tenían acceso a las medicinas ni a los cuidados de hoy en día, el hambre que han pasado. Comer todos los días, dormir y no ser rechazados por su clan, era su prioridad y a lo que dedicaban la mayor parte de sus esfuerzos. La supervivencia y la búsqueda de seguridad. Tenemos que entender que esa información sigue en nuestros genes, en nuestros huesos y nos hace ser contradictorios, buscando obsesivamente algo que nos separa de otra necesidad más importante. Seguimos funcionando como si necesitáramos lo mismo que nuestros antepasados, cuando no es así. Antiguamente se aprendía el oficio de generación en generación, de padres y madres a hijas e hijos, y tenía sentido porque nuestras características son heredadas,   las habilidades se aprendían viendo al otro hacer, y el otro hacía con seguridad lo que llevaba haciendo durante años; eso permitía no sólo aprender un oficio, sino también adquirir la seguridad que una persona cercana te está transmitiendo. Hoy pedimos a nuestros hijos que hagan realidad nuestros sueños más ambiciosos y en ese camino que nosotros no hemos recorrido, les transmitimos nuestra inseguridad y nuestros miedos. Agradezcamos al que se atreve, al que se expone, al que expresa algo contrario a la opinión de la mayoría, al que rompe reglas, al que se equivoca. Enseñémosles a nuestros futuros gobernantes, jefes y ciudadanos a ser...

Adolescentes y empleo

¿Qué les estamos enseñando a los adolescentes, a nuestros hijos, y a nuestros futuros ciudadanos? En los colegios se transmiten datos, se desarrolla la memoria y se enseña a aceptar normas. No se enseña a cocinar, a alimentarse adecuadamente, a limpiar y cuidar la ropa, a organizar el tiempo, relacionarse con los demás, utilizar los conflictos para crear relaciones honestas y ricas. No se les enseña nada de esto, porque se supone que eso !se lo enseñan sus madres y padres! y no nos damos cuenta que sus madres y padres han sido usuarios de la educación para trabajar; y como trabajadores eficientes, apenas tienen tiempo ni energía para enseñar nada, son trabajadores, no educadores, por lo tanto, ya no hay personas que se dediquen a enseñar a vivir. Vivimos en una sociedad con libertad de expresión, donde todo se evalúa y se critica, y esto condiciona la actuación de nuestros hijos e hijas. Para que no nos critiquen, lo mejor es no hacer. Cuanto menos hagamos y menos se nos vea, menos riesgo de ser rechazados y criticados, pero también más lejos del afecto y reconocimiento que necesitamos. Equivocadamente los valores que transmiten progenitores y profesores son: Que no fracasen, que no se metan en problemas, que no digan tonterías, que no metan la pata, que no hagan el ridículo, que no se atrevan, que no expresen lo que sientan, que se guarden lo que piensan, que no vivan… En un ambiente laboral donde lo que se demanda es: talento, creatividad, motivación e inteligencia emocional, esta estrategia no es recomendable. Es hora de que la psicología se utilice como una herramienta imprescindible...